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Aida Canals

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Aida Canals Psicóloga blog
Hoy en día los niños crecen a pasos agigantados.
El ritmo frenético de la vida actual: horarios escolares, actividades extraescolares, nuevas tecnologías y redes sociales, hace que, cada vez más pronto, quieran expresar sus propias opiniones, necesidades y “exigencias”. Cuando son pequeños solemos identificar fácilmente qué conductas son adecuadas y cuáles no. Sin embargo, cuando nuestros hijos llegan a la adolescencia, muchas familias se preguntan:
  ¿Es una conducta rebelde normal o hay algo más detrás?
 La realidad es que, en muchos casos, la rebeldía no solo es esperable, sino también necesaria para el desarrollo personal del adolescente.
 ¿Qué edades comprende la adolescencia?
 La adolescencia suele comenzar alrededor de los 11 o 12 años y extenderse hasta los 18 o 20 años.Se trata de una etapa de transición entre la infancia y la vida adulta en la que aparecen importantes cambios:
  • Fisiológicos.
  • Emocionales.
  • Psicológicos.
  • Sociales.
El adolescente necesita descubrir quién es, construir su identidad y encontrar su lugar en el mundo. Y ese proceso no siempre es sencillo.
  ¿Por qué los adolescentes se vuelven rebeldes?
 Durante esta etapa existe una lucha constante entre dos necesidades:
  • La búsqueda de autonomía e independencia.
  • La necesidad de apoyo, aceptación y seguridad.
Para encontrar su propia identidad, el adolescente necesita distanciarse progresivamente de la dependencia familiar. Por eso pueden aparecer conductas como:
  • Cuestionar normas.
  • Mostrar inconformismo.
  • Discutir con frecuencia.
  • Sentirse incomprendidos.
  • Cambios emocionales intensos.
  • Impulsividad.
Aunque para los padres pueda resultar agotador, muchas de estas conductas forman parte del desarrollo evolutivo normal.
 Cómo tratar la rebeldía en la adolescencia
 La forma en que los adultos respondemos puede marcar una gran diferencia en la relación familiar.
Estos consejos pueden ayudarte a mejorar la convivencia y fortalecer el vínculo con tu hijo adolescente:
  • Habla desde la calma
Evita discutir en momentos de tensión.Escuchar y expresar diferentes puntos de vista con tranquilidad favorece el entendimiento.
  • Negocia en lugar de imponer
Los adolescentes necesitan sentir que su opinión cuenta. Establecer acuerdos suele ser más efectivo que imponer normas rígidas.
  • Dale autonomía progresiva
Permitir cierta independencia, acorde a su nivel de responsabilidad, favorece su madurez y autoestima.
  • Refuerza lo positivo
A menudo corregimos más de lo que reconocemos. Valorar sus esfuerzos y conductas adecuadas fortalece la relación y mejora su motivación.
  • Comparte tiempo con él o ella
Interesarte genuinamente por sus preocupaciones, amistades y emociones ayuda a crear confianza y conexión emocional.
  • Ten paciencia
Los adultos contamos con más recursos emocionales. Acompañar no siempre significa tener el control, sino saber sostener el proceso.
 La importancia del vínculo familiar
 La relación que mantendremos con nuestros hijos durante la adolescencia suele ser una continuación de lo construido en etapas anteriores.Cuando existe un clima familiar basado en: la comunicación, el respeto, la escucha y el afecto, es más probable que los conflictos puedan resolverse de forma saludable.
 ¿Cuándo buscar ayuda psicológica?
  Aunque los conflictos familiares son normales en esta etapa, conviene pedir ayuda profesional cuando:
  • Las discusiones son constantes o muy intensas.
  • Existe agresividad verbal o física.
  • El adolescente se aísla excesivamente.
  • Aparecen problemas escolares graves.
  • Hay ansiedad, tristeza o cambios emocionales importantes.
  • La convivencia se ha vuelto insostenible.
Pedir ayuda psicológica no significa haber fracasado como padres.Al contrario: es una forma responsable de cuidar el bienestar emocional de toda la familia.